10 abr. 2017

Presentes pero olvidadas


Entrevistamos a Líber Di Paulo, autor del libro Ni mártires ni indiferentes recientemente publicado
por el Ministerio de Eduación y Culutura (MEC). Di Paulo es profesor de Historia egresado del Instituto de Profesores Artigas (IPA), cursa la Maestría en Historia Económica en la Facultad de Ciencias Social y trabaja como asesor de dirección de Centros MEC. En este, su primer libro, nos presenta microhistorias de diferentes mujeres del interior del país, historias de mujeres no famosas que fueron importantes por su aporte a la sociedad.

—¿Cómo te llegó este proyecto?

—La directora de centros MEC, Glenda Rondán, venía con el proyecto de contar las historias de mujeres que fueron importantes para las localidades del interior del país y cuando asumió la dirección me preguntó si me animaba a realizar esta investigación. Ahí es cuando entro a darle forma a este proyecto.

—¿Qué desafíos te implicaron este trabajo?

—Muchos, el primer desafío fue personal, el poder realizar una investigación cuando la formación del IPA es de docentes, pero no es especialista en investigadores si bien hay muchos docentes que han investigado y realizado buenos trabajos, un desafío que tal vez una persona que viene de otro lado como Humanidades por ejemplo, no lo tiene porque se dedican a investigar. Por lo que consulté y recurrí a apoyo de por ejemplo profesores, principalmente en cuanto a las fuentes, ya que muchas de las historias no cuentan con documentos que las respalden, si no que basicamente las fuentes son del relato oral. Por lo que el procesar la información también fue un desafío.

—¿Cuál fue la forma de trabajo?

—Esto empezó en el 2015, durante ese año fue toda la recopilación de documentación de la información, yendo a todos lados, a los lugares donde estaban esas historias, reunirnos con familias con organizaciones. Estas no son todas las mujeres que encontramos, hay más, pero fueron las que de acuerdo al tiempo y a lo que se encontró tenía que elegir, en otra oportunidad yo u otra persona podrá investigar esas otras historias también fabulosas.

—En el prólogo del libro se hace referencia a las mujeres como las olvidadas en la historia oficial ¿cuál es tu opinión al respecto?

—A mí me gustó mucho cuando en la presentación del libro Graciela Sapriza preguntó: "¿Se puede escribir historia sin las mujeres?", la respuesta que parece obvia pero no lo es, es que no. Es importante hacer esa referencia de escribir historia sobre mujeres porque durante mucho tiempo fueron las grandes olvidadas, pensemos en los héroes nacionales, los que nos enseñan en la escuela, en el liceo... son hombres. Las mujeres deberín tener más protagonismo en la historia del que tienen, una deuda que considero que se está saldando, si bien es un campo al que todavía le falta muchísimo.

Escribe: Graciela Muniz

7 mar. 2017

"Si paramos las mujeres paramos el mundo"




Este 8 de marzo en una nueva conmemoración del día internacional de la mujer y con motivo de pronunciarse en contra de los feminicidios y desigualdades de género se convoca a una marcha que partirá de la Plaza Libertad a las 18 h.


4 mar. 2017

Teatro: punto de encuentro





Foto: Mateo Teperino
Entrevistamos a Ignacio Estévez, actor que interpreta el personaje de Branko en Mi hijo solo camina un poco más lento (funciones sábados a las 21 y domingos a las 20.30 h en el teatro El Galpón). Ignacio tiene 34 años, es egresado de la Escuela de Arte Dramático de la generación 2013 del teatro Circular y hace más de diez años da clases de teatro en un colegio de Ciudad de la Costa. En el 2016 fue nominado al premio Florencio como actor revelación por su participación en La laguna dorada. Además está participando en la obra Opera de dos centavos (funciones los jueves y viernes a las 21 h en el Teatro Circular).

—¿Cómo te llegó la propuesta para participar en Mi hijo solo camina un poco más lento?

Por intermedio de Gerardo Begérez que es el director, yo ya había trabajado con él anteriormente en dos obras, en 2011 hicimos El estado del alma y La laguna dorada en 2016, en la cual interpreté el personaje que me hizo llegar al premio Florencio. La propuesta fue una sorpresa super grata, me preguntó cómo me sentiría en formar parte del elenco de Mi hijo… ya que Cristian Amacoria, el protagonista, tenía un compromiso impostergable porque salía en Carnaval. Al principio quedé sorprendido y se generaron un montón de cosas internas, desde miedos, dudas, pero también mucha alegría y satisfacción.

—¿Eso producto de la obra en sí, a integrarte a un grupo que ya estaba consolidado o por el personaje a interpretar?

Por todos, al grupo que ya estaba formado porque en realidad ellos venían teniendo funciones paralelas a La laguna dorada en el 2016 y ellos se conocían demasiado, además de que todos son integrantes de otra institución a la cual yo no pertenezco, el teatro El Galpón, obviamente uno siente miedo al integrarse a un grupo ya conformado en el ambiente que sea. Y después porque nunca me había tocado hacer una suplencia sobre un personaje que ya estaba diagramado, delineado, la propuesta ya estaba hecha y yo solamente tenía que ir ahí y hacer, básicamente, lo que me pedían. Si bien tuve la suerte de que Gerardo me dejara tener mi impronta, no podía salir de los esquemas. Sobre todo por respeto al trabajo que se venía realizando y al poco tiempo de ensayo, tuve solo un mes, cuando en realidad una obra de estas características tiene de dos a tres meses solo de ensayo.

—¿Cómo es el relacionamiento con tus compañeros?

La relación es la mejor y es una cosa de las que más rescato de este proceso y de  esta experiencia. Siempre digo que el teatro es un lugar de encuentro, no solo con el espectador sino también con los compañeros y amigos en muchos de los casos.

Contanos un poco sobre el personaje de Branko

Branko es un personaje especial,  el tiene 25 años, la obra transcurre en un día en el cual la temática es el festejo de su cumpleaños. Es un personaje que tiene muchísima luz, mucha energía y padece de una enfermedad que no queda clara en la obra, pero se da a entender que es progresiva, que lo va dejando inmóvil, en una silla de ruedas. La historia trata básicamente de una familia disfuncional con temáticas universales. El autor de esta obra, Ivor Martinić, un croata, la escribió por  y para una familia croata, pero se traduce perfectamente a nuestra sociedad y a la del mundo. A mi entender el personaje de Branko es el que tiene más los pies sobre la tierra, está rodeado de una densidad bastante considerable de cada personaje corresponde y de cada caracterización con sus problemas, él nunca deja de sonreír, siempre está feliz y haciéndole saber al otro que el problema que tiene no tiene vuelta atrás y hay que convivir con eso.

—¿Cómo fue la preparación del personaje?

Yo había hablado con Cristian Amacoria, el actor que anteriormente interpretó el personaje, y me contó que había hecho una preparación muy singular, había llevado la silla de ruedas por Montevideo para practicar y aprender a maniobrarla, a través de la mirada de la gente él interpretó al personaje. En este sentido quise hacer  algo bastante similar, antes de algunos ensayos salía en la silla de ruedas por 18 de Julio y a veces cruzada para la plaza de los bomberos, de esta forma logré experimentar esto que Cristian me había comentado, de cómo construir el personaje en base a las miradas, algunas desde el miedo, otras desde la desconfianza, desde la ternura,  desde la compasión …, todo tipo de miradas,  logré entender que Branko tenía que ser él.

—¿Qué valores le deja esta obra a Ignacio Estévez?

De los mejores, de los más lindos, tuve la posibilidad y la suerte de que vivenciar cosas que nunca se me hubiesen ocurrido vivirlas como por ejemplo que una chica con discapacidad vaya más de una vez a ver la obra, cosas que además de ser impagables, nos dan una gran enseñanza, no tanto para Ignacio Estévez actor, sino también para el personaje de Branko y todos los días el público aunque no se dé cuenta está aportando un granito de arena al personaje. En el teatro no todas las funciones son iguales, todas son distintas y ahí está la magia.

Escribe: Graciela Muniz

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