11 jun. 2016

Cambiemos la forma





Dibuja: Emilia Techera

Del  16 al 22 de mayo se realizó la Semana Mundial por el Parto Respetado. Este año el lema es “Mi cuerpo, mi decisión, mi bebé”. Desde hace once años mundialmente se realizan en el mes de mayo actividades por los derechos de las mujeres embarazadas y sus hijos que están naciendo. El fin es informar, a esta parte de la población y su familia, sobre la humanización del proceso gestacional en cuanto a sus derechos antes, durante y después del parto;  y la llegada de este nuevo ser. Además que la mujeres recuperen la conexión con el proceso de parto, con su cuerpo, sus emociones y sus sentires; la decisión de cómo, dónde, con quién parir y el apego inmediato de su bebé con la mamá.

A principios del siglo XX el parto inicia su proceso de institucionalización  con el fin de disminuir la mortalidad materno-neonatal. En este contexto se generó el concepto de que el embarazo es una enfermedad. De aquí en más un hecho natural y evento socio-cultural pasó a ser un acto clínico e institucional, donde las mujer perdieron protagonismo en un hecho trascendental de sus vidas. Después de   una reunión en el año 1985 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que: “el nacimiento no es una enfermedad”, lo cual es un marco legal internacional, procurando rescatar el papel activo que debe tomar la mujer  y su familia en el cuidado del embarazo y el recién nacido.

Solo en el 10 % de los embarazos puede  haber alguna dificultad, los avances tecnológicos y las intervenciones han llevado a que la mujer no pueda parir sin la ayuda de un equipo de salud y tecnología avanzada. Lo que ha generado cifras  que hoy superan el 50 % de cesáreas.

Algunos avances tecnológicos son positivos y en la actualidad se está trabajando para que haya un equilibrio y volver a instaurar al embarazo como un proceso natural. La OMS ha dictado una serie de recomendaciones que respaldan los derechos a la hora del parto:

Dibuja: Emilia Techera

- Ley 17.386: Ley de acompañamiento al parto y nacimiento. Toda gestante tendrá derecho a ser acompañada durante el trabajo de parto y parto (vaginal o cesárea). Tanto por el papá del bebé, familiar, amigo o su doula.

-Las mujeres que dan a luz en una institución deben conservar su derecho a decidir sobre vestimenta (la propia y la del bebé), comida, destino de la placenta y otras prácticas culturalmente importantes.

-La inducción y conducción del parto debe reservarse para indicaciones médicas específicas. Ninguna región debería tener más de un 10 % de inducciones.

-No está indicado rasurar el vello púbico o administrar un enema antes del parto.

Dibuja: Emilia Techera

-Debe recomendarse caminar durante la dilatación, y cada mujer debe decidir libremente qué posición adoptar durante el expulsivo.

-No se recomienda colocar a la embarazada en posición dorsal de litotomía durante la dilatación y el expulsivo.

-Se recomienda controlar la frecuencia cardíaca fetal por auscultación durante la primera fase del parto, y con mayor frecuencia durante el expulsivo. No existe evidencia de que la monitorización fetal rutinaria tenga un efecto positivo sobre el resultado del embarazo, pero sí que es la responsable del aumento de cesáreas. La monitorización fetal electrónica solo debe efectuarse en casos cuidadosamente seleccionados por su alto riesgo de mortalidad perinatal, y en los partos inducidos.

-No está justificada la rotura precoz artificial de membranas como procedimiento de rutina.

-Debe protegerse el perineo siempre que sea posible. No está justificado el uso sistemático de la episiotomía.

-Debe evitarse la administración rutinaria de analgésicos o anestésicos (salvo que se necesiten específicamente para corregir o prevenir alguna complicación).

-Algunos de los países con una menor mortalidad perinatal en el mundo tienen menos de un 10 % de cesáreas. No hay  justificación para que haya más de un 10-15 %. No hay pruebas de que después de una cesárea previa sea necesaria una nueva cesárea. Después de una cesárea debe recomendarse normalmente un parto vaginal, siempre que sea posible una intervención quirúrgica de emergencia.

-La ligadura de las trompas de Falopio no es una indicación de cesárea. Existen métodos más sencillos y seguros de esterilización tubárica.

-No separar al recién nacido de su madre, ya que hacerlo conlleva perjuicios para la salud física, emocional y mental del bebé  y de la madre; además no aporta ningún beneficio.

-No cortar el cordón umbilical hasta que deje de latir. La placenta sigue enviando sangre, rica en oxígeno, al bebé, además de otros nutrientes, facilitándole el inicio de la respiración pulmonar.

-Que el bebé sea puesto inmediatamente en contacto piel con piel con su madre  y permanezca así durante horas, sin interrupción. Esta simple rutina de contacto piel con piel, regula el ritmo cardíaco, la temperatura, la glucosa en sangre y el sistema inmunitario del bebé.   La separación provoca que el recién nacido se sienta desamparado y sufra estrés. Las exploraciones pediátricas necesarias tras el nacimiento pueden hacerse sobre el pecho de la madre, mientras se inicia la lactancia. Siempre que el apgar del bebé lo permita.

Dibuja: Emilia Techera

-Facilitar el inicio temprano de la lactancia materna. Debe proporcionarse a la madre la intimidad necesaria para que el bebé tome el pecho en las primeras dos horas de vida por sí mismo. El  cuerpo de la madre proporciona todo el calor que el bebé necesita, además de numerosos beneficios.

-Promover el alojamiento conjunto durante la estancia en el hospital.

“Para cambiar el mundo hay que cambiar la forma de nacer” Michel Odent


Escribe: Bárbara Retamar

 

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